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Environmental Ethics

Volume 30, Issue Supplement, Otoño 2008
Integrando las Ciencias Ecológicas y la Ética Ambiental en la Conservación Biocultural de los Ecosistemas Templados Subantárticos de Sudamérica

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1. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement

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2. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Eugene C. Hargrove

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3. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Vish Prasad

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4. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Andrés Mansilla

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5. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Ricardo Rozzi, Juan J. Armesto, Robert Frodeman

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6. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
J. Baird Callicott

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Para los puritanos del siglo XVII, la costa este de América del Norte, las áreas silvestres o wilderness eran abominables y lacerantes. En el siglo XVIII, el predicador y teólogo puritano Jonathan Edwards inició el proceso de transformación de las áreas silvestres estadounidenses en un recurso estético y espiritual, un proceso que completó en el siglo XIX Ralph Waldo Emerson. Henry David Thoreau fue el primer estadounidense en recomendar la preservación de las áreas silvestres (wilderness) para propósitos de recreación trascendental (soledad y una experiencia estética y espiritual). En el siglo XX, Theodore Roosevelt y Aldo Leopold abogaron por la preservación de las áreas silvestres para un tipo diferente de recreación (la caza, la pesca y la excursión) con el propósito de preservar el singular carácter estadounidense y sus instituciones. Entre estas tres concepciones históricas de la preservación de las áreas silvestres, la tercera constituye el mejor modelo para los ecosistemas de frontera del Cono Austral de América.

7. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Sergio Guevara, Javier Laborde

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Uno de los desafíos más apremiantes para Latinoamérica y el Caribe, considerada la región más diversa del mundo biológica y culturalmente, es detener la pérdida de especies provocada por la destrucción del hábitat y degradación del territorio. En la actualidad, todavía se considera el establecimiento de áreas naturales protegidas que excluyen toda actividad humana como la alternativa más eficaz para conservar la biodiversidad. Sin embargo, las áreas naturales protegidas (ANP) están siendo sometidas a fuertes presiones ejercidas por la expansión de las actividades agropecuarias, silvícolas e industriales, cuyos terrenos rodean y aíslan las ANP’s, reduciendo su calidad como hábitat natural a la escala de paisaje. Entre los diferentes tipos de ANP que se han propuesto, destacan las reservas de biosfera debido a su explícito propósito por conciliar el desarrollo social y la conservación biológica. El manejo de este tipo de reservas es el más propenso a integrar las perturbaciones naturales y humanas, las prácticas tradicionales de manejo de ecosistemas, así como la participación de los sectores económico y social en su administración. Las reservas de biosfera han proliferado por todo el mundo, sumando actualmente 531 distribuidas en 105 países. A pesar que el diseño de reserva de biosfera se fundamenta en el concepto de paisaje, aún requiere tomar en cuenta la escala del ecosistema y los potenciales efectos a largo plazo de las perturbaciones. Además, requiere mejorar la integración de los grupos étnicos que viven en ellas, otorgando mayor consideración a su experiencia y conocimiento tradicional. Esto demanda una transformación de las funciones de las zonas núcleo, de amortiguamiento y de transición de dichas reservas. El actual diseño de las reservas de biosfera es centrípeto, puesto que la función principal de la zona de amortiguamiento es proteger la biodiversidad contenida en el núcleo de la reserva. Nosotros proponemos un modelo centrífugo, en el que la biodiversidad de la zona núcleo se expande sin restricciones hacia las áreas con mayor influencia humana. En este modelo, la zona de amortiguamiento funciona como un conector. El mantenimiento e incremento de dicha conectividad puede promover prácticas de uso del suelo acordes con el funcionamiento de los ecosistemas, así como con la conservación de la biodiversidad en los paisajes naturales, semi-naturales, urbanos e industriales.

8. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Eugene C. Hargrove

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La enseñanza de la ética ambiental en la educación escolar es muy difícil si no se modifican las perspectivas positivistas, y si no se adapta la enseñanza a cada cultura y región. Un buen punto de partida (y poco controvertido) sería comenzar con aquellos valores considerados en las leyes ambientales regionales. Así, los profesores enseñarían la historia de las ideas asociadas a estos valores, y su relación con la temática ambiental. Este enfoque es necesario para contrarrestar la aproximación valórica de la economía moderna, que considera a los "valores no-económicos"como meras expresiones de emociones personales. La aproximación multicultural puede contribuir a clarificar valores tradicionales, que en aquellos países con poblaciones indígenas incluyen valores originados a partir de diferentes historias de las ideas (tales como los valores de los pueblos indígenas en Canadá o los Mapuche en Chile), y puede promover un mejor entendimiento entre diferentes grupos sociales.

9. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Uta Berghöfer, Ricardo Rozzi, Kurt Jax

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Un estudio de caso de investigación socio-ecológica realizado en Puerto Williams, Cabo de Hornos (Chile), revela que las personas pertenecientes a diferentes grupos socioculturales poseen una diversidad de perspectivas y relaciones con la naturaleza. Por ejemplo, los miembros de la Comunidad Indígena Yagán y los antiguos residentes (en su mayoría descendientes de colonos de principios del siglo XX), expresaron un fuerte sentimiento de pertenencia y hogar. Sin embargo, las personas identificadas con el uso de los recursos no tuvo respuestas positivas respecto al sentimiento de hogar. Entre los entrevistados, el concepto de un territorio común presentó contrastes muy marcados. Aquellos que se identificaban con un tipo de relación de cultivo de la tierra favorecieron la propiedad privada sobre la pública. Para los entrevistados con una relación de tipo integrado con la naturaleza, la libertad de movimiento fue uno de los valores esenciales. Algunos de los entrevistados identificados con el uso de los recursos y con relaciones intelectuales y estéticas con la naturaleza, valoraron también de manera positiva la tierra como bien común. La aproximación utilizada en este estudio transforma las nociones polarizadas y dicotómicas en gradientes de perspectivas relacionadas a diferentes grados de ambientes ecológicos y culturales, locales y globales. La visión híbrida resultante de las perspectivas acerca de la naturaleza puede ser de utilidad en tiempos de cambio global, donde tanto escalas locales como globales contribuyen a identificar problemáticas asimétricas específicas, como también oportunidades de comunicación entre los diferentes grupos socioculturales.

10. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Christopher B. Anderson, Gene E. Likens, Ricardo Rozzi, Julio R. Gutiérrez, Juan J. Armesto, Alexandria Poole

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La investigación ecológica a largo plazo (Long Term Ecological Research, LTER) maneja problemas que abarcan décadas o plazos más largos. El programa y su nombre formal comenzaron en Estados Unidos en 1980. Si bien los estudios y observaciones a largo plazo comenzaron tempranamente en 1400 y 1800 en Asia y Europa, respectivamente, el enfoque a largo plazo no se formalizó sino hasta el establecimiento de los programas de investigación ecológica de largo plazo en Estados Unidos. Estos programas han permitido experimentos a nivel de ecosistemas y comparaciones entre sitios que condujeron a una mejor comprensión de la estructura y funcionamiento de la biosfera. El enfoque ecosistémico holístico de esta iniciativa permite también la incorporación de la dimensión humana en la ecología, y recientemente ha dado lugar al nuevo concepto de investigación socio-ecológica de largo plazo (LTSER). Hoy los programas de investigación socio-ecológica a largo plazo existen en por lo menos 32 países (esto es, los miembros de la Red Internacional de Investigación Ecológica a Largo Plazo o ILTER (International Long Term Ecological Research). Sin embargo, la consolidación de la red internacional dentro del paradigma de investigación socio-ecológica a largo plazo todavía requiere: (1) inclusión de algunas regiones remotas del mundo que aún están poco representadas, como el suroeste de América del Sur; (2) modificaciones en el tipo de investigación realizado, tales como la integración de las ciencias sociales y naturales con las humanidades y la ética, y (3) la incorporación de las conclusiones y resultados dentro de los procesos sociales y políticos. En este contexto, la naciente red de investigación socio-ecológica a largo plazo en Chile, que se extiende en el rango latitudinal más largo de bosque templado en el Hemisferio Sur, agrega una nueva región remota a las investigaciones ecológicas de largo plazo que había sido pasada por alto anteriormente. Además, la colaboración con la Universidad de North Texas y otros asociados internacionales ayuda a desarrollar un enfoque interdisciplinario para integrar las ciencias ecológicas y la filosofía ambiental, junto con los conocimientos ecológicos tradicionales, la educación informal y formal, la política, las humanidades, los procesos socio-políticos y la conservación biocultural.

11. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Robert Frodeman

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Desafíos ambientales como aquellos que enfrenta la región del Cabo de Hornos en Chile, superan la competencia de cualquier marco disciplinario. Las aproximaciones interdisciplinarias al conocimiento, combinando la pericia de varias disciplinas, como también las perspectivas transdisciplinarias de los sectores público y privado, requieren un elemento unificador que permita integrar perspectivas tan dispares. El campo de la filosofía, que tradicionalmente ha ofrecido una visión del conocimiento en su totalidad, puede cumplir nuevamente esta función si los filósofos están dispuestos a adoptar una expresión des-disciplinaria de la filosofía.

12. Environmental Ethics: Volume > 30 > Issue: Supplement
Ricardo Rozzi, Ximena Arango, Francisca Massardo, Christopher Anderson, Kurt Heidinger, Kelli Moses

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Los hábitats (dónde vivimos), los hábitos (cómo vivimos) y los habitantes (quiénes somos) constituyen una unidad ética a la vez que ecosistémica. Sin embargo, los hábitats son usualmente estudiados por ecólogos, en cambio, los hábitos por filósofos y otras disciplinas sociales. Con el fin de superar esta disociación, iniciamos un programa transdisciplinario de campo coordinado por ecólogos y filósofos ambientales, que ensaya una visión más integral de los habitantes embebidos en sus hábitats y hábitos en la ecorregión subantártica de Sudamérica. La biosfera puede ser concebida como un reticulado mosaico de unidades hábitats-hábitos-habitantes, donde los humanos han co-evolucionado con sus lenguas indígenas, sus prácticas y conocimientos ecológicos. Este mosaico está siendo hoy destruido por la imposición de un único modelo económico-cultural globalizado. Un segundo objetivo de nuestro programa transdisciplinario es contribuir a la conservación de la diversidad bio-cultural, especialmente en la ecorregión subantártica. En Cabo de Hornos, en el extremo sur de América, encontramos que los educadores, las autoridades y los tomadores de decisiones conocen poco acerca de los hábitats, las lenguas y la flora nativa. En contraste, los miembros de la Comunidad Indígena Yagán y los residentes antiguos poseen un conocimiento detallado acerca de la diversidad biológica y cultural nativa; sin embargo, ellos participan poco en la toma de decisiones y en el sistema de educación formal. Para ayudar a superar esta disociación entre los hábitats-hábitos-habitantes de Cabo de Hornos y aquellos promovidos por la “sociedad global”, en 1999 comenzamos el programa de educación, investigación y conservación biocultural del Parque Etnobotánico Omora que involucra tres etapas críticas: (1) descubrimiento de la diversidad biocultural con una aproximación de “filtro fino” que permite la detección de niveles de diversidad cultural y biológica usualmente omitidos por conceptos generales universalizantes, tales como amerindio versus eurocéntrico o conocimiento ecológico local versus global; (2) encuentros directos “cara a cara” con los co-habitantes humanos y no-humanos en sus hábitats nativos, a través de los cuales la diversidad biocultural deja de ser sólo un concepto o indicador numérico y comienza a ser una experiencia de co-habitación; y (3) actividades de educación y conservación. Estos pasos han sido implementados a escala local, regional e internacional a través de la creación de la Reserva de Biosfera Cabo de Hornos, nominada por UNESCO el 2005, y el establecimiento del Programa de Conservación Biocultural Subantártica, coordinado por la Universidad de Magallanes, el Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile y la University of North Texas.